DÍA 9 DE MAYO DEL AMOR Y DE LA MUERTE
eDUARDO bOTERO tORO
“La
muerte es la compañera del amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que
dice mi libro Más allá del principio del placer, en el comienzo del psicoanálisis se suponía que el amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que
la muerte es igualmente relevante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa
cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, cesar con la
«fiebre llamada vida». El deseo puede ser encubierto por digresiones, no
obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.”
Freud, en entrevista con el escritor G.
S. Viereck en 1936
Pregunta: ¿Biológicamente, todo ser
vivo, ansía el Nirvana?
Resalto para afirmar que Freud no afirma que tal deseo, el del Nirvana, sea
exclusivo de la especie humana. Pero
cuando afirma que ese deseo puede encubrirse con digresiones, es decir, con
rupturas del hilo reemplazadas por pensamientos vagos aunque relacionados con
el contenido, entonces ya no estamos solo ante el deseo, sino también frente al
pensamiento y al lenguaje. No en vano la
declaración de Freud al escritor germano estadounidense comienza por una
metáfora acerca de la muerte y del amor, a quienes declara compañeros.
Un Más allá del principio del placer
coloca a la muerte como destino deseado.
Y todo ser vivo anhela morir. En lugar de enamorodiamiento lo que habría
sería tanatoenamoramiento. Y accedemos así a la condición ameboidea del amor.
Tentáculo con la muerte, tentáculo con el odio, tentáculos con el asesinato de
sí mismo, con la prohibición, con la extensión proyectiva a diversas causas (la
política, la ciencia, el arte, la escritura…)
Yo me encuentro aquí con la idea franciscana de que todo lo creado lo fue
como acto de amor: Hermano sol, Hermana Luna, Hermano Lobo, Hermano
Coronavirus… (Bueno, aún no se había inventado el microscopio electrónico)
Un fantasma recorre, hoy, al mundo: el fantasma de la muerte total. Es la amenaza de que todo puede acabar,
incluso hay quienes ya se preguntan cuál de las especies sustituirá la del
hombre cuando hayamos desaparecido.
Como si la muerte fuese menos difícil de aceptar cuando es a todos que nos
amenaza al mismo tiempo. Porque todos
hemos de morir, inclusive quienes se aplican Botox y quienes van al gimnasio y
quienes dejan de probar ciertos vicios bajo la peregrina idea de conservar como
eterna la juventud.
“La Muerte viene, todo será
polvo/ bajo su imperio: ¡polvo de Pericles/ polvo de Codro, polvo de Cimón!” Anuncia el poeta el imperio ineludible de
todo destino, es decir, de todo ser
vivo. Y, al final de su BALADA DE LA
LOCA ALEGRÍA, Porfirio Barba Jacob concluye con este envío:
“A ti que me reprochas el
arcano/ sentido del amor que va en mi verso/ fúlgido y hondo, lúgubre y arcano,/
te hablo en la triste vanidad del verso:/tú en la muerte rendido, yo en la
muerte,/ ni un grito apenas del afán del mundo/ podrá hallar eco en la oquedad
vacía./ El polvo reina —EL POLVO, EL IRACUNDO!—/ ¡Alegría! ¡Alegría! ¡Alegría!”
¿Será menos difícil aceptar la muerte porque esta amenaza con ocurrir,
simultáneamente, a todos?
Y aquí el pernepsi (Perversión, Neurosis y Psicosis) revelará su gloria:
quienes niegan deliberadamente los alcances de la amenaza, aferrándose a sus
tesoros como si en el futuro fuera posible usarlos con beneficios; quienes
interpretan, apresuradamente, un estornudo como prueba de haber enfermado; y
quienes siguen convencidos de que el dinosaurio, por la mañana, seguía ahí
sentado.
Existen coyunturas en las cuales la sensatez y el principio de realidad
corren por cuenta de neuróticos y psicóticos.
Los perversos suponen, con su omnipotencia y su narcisismo, que su final
no está cerca. Se les olvida que una de
las monarquías más poderosas en la historia de la humanidad, solo supo contar
hasta XVI. Y que hasta Esparta sucumbió…
El murciélago (cierta variedad) y un omnívoro desconocido, parecen ser los
únicos animales hasta la fecha portadores de un virus que exclusivamente ataca
a la especie humana. El hermano
Coronavirus parece hacernos recordar porqué el hermano lobo volvió a ser tal
cual era después de haber sido por Francisco. Y natura, o el Deux spinoziano,
se encarga de recordarnos hoy, que estamos conminados a elegir que nuestro
deseo se alíe con la voluntad de vivir o con la muerte.
Podemos estar encubriendo el ansia de vivir con digresiones, entiendo por
estas la parcialización en el análisis de la situación, tomando uno solo de
tantos abordajes posibles y necesarios, haciendo caso omiso de que es el
balance de todas ellas, resultado de tomarlas con profundidad en aquello en que
se intersectan así como en aquello que se contraponen. La bolsa o la vida… ¿pero qué vida es la que
conseguimos si elegimos perder la bolsa? Y si elegimos la vida, ¿qué clase de
vida es una vida sin bolsa?
La familia de la quinceañera, ocho días antes de la fiesta, llama de
urgencia al médico para que la auxilie con un cólico que la atormenta. El médico llega, examina a la chica y
concluye que el cólico proviene probablemente de una torsión de ovario. Debe ser entonces, y cuanto antes, llevada al
quirófano, practicarle una cirugía y guardar el consabido reposo que deberá ir
más allá de una semana. La fiesta, pues,
debe ser cancelada. De repente, toda la
conmoción por la enfermedad de la chica se desplaza progresivamente a la
decepción por la prescripción complementaria (la primera prescripción es la
cirugía), la de cancelar la fiesta. Al principio nadie (o casi nadie: en toda
familia hay un impertinente, un loco, un niño, un borracho que no necesita de
fiestas para embriagarse) da testimonio abierto de ese desplazamiento. Quizás muchos lo piensen, pero, cortesía es
valor, callan. La urgencia reclama acciones inmediatas como las de salir
inmediatamente con la enferma hacia la sala quirúrgica, la del médico llamar
para que se tenga preparado el quirófano, y la de dejar al tío borracho
farfullando su enojo.
Si el aplazamiento de la fiesta llega a constituirse en el acontecimiento
principal, y a eso contribuirá la mejoría de la paciente (pues, si muere, no
habrá aplazamiento sino trasposición de la fiesta en velorio), entonces la
prescripción total del médico (cirugía inmediata y reposo más allá de una
semana, medicamentos, cuidados…) será inevitablemente revisada, puesta en
cuestión y ocasión favorable para que emerja toda clase de prejuicios ofrecidos
como justificación de la no necesidad de aplazar la fiesta… Al fin y al cabo el
vals no es un baile que plantee las exigencias de un baile de salsa champeta…
los médicos suelen ser demasiado alarmistas… una prima mía que tuvo lo mismo
hace dos años, al tercer día estaba bailando metal… El médico dice eso para aumentar sus
honorarios… la multa que debe pagarse al organizador de la fiesta equivale a
tres cirugías…
Y será probable que advenga una versión propia a manera de nueva balada de
la loca alegría, y será probable que un trombo emerja del bajo vientre de la
chica y se vaya a los pulmones y entonces “todo será polvo”. Será probable que no, pero aquí se trata de
hacer un balance entre las dos probabilidades.
El saber y la experiencia del médico en favor de las primeras
probabilidades, el apego irrestricto a un festejo, basado en suposiciones
muchas dispuestas al azar, en favor de las segundas probabilidades.
En el trasfondo de todo esto: que para el médico y para los familiares y
amigos de la paciente, y para la paciente misma, hay algo que no puede ser
asumido por ninguna intuición, por ningún saber, porque nadie logra estar al
tanto y con exactitud de cómo es la constitución fisiológica de la
paciente. El saber del médico, mediante
los exámenes practicados a la paciente, puede aproximarlo a conclusiones
cercanas a la evidencia. Su experiencia
con otros casos, conocidos directamente por él o no, le abroga la autoridad
para sus conclusiones y advertencias.
Pero, ¿sabe algo acerca de qué modo se ha establecido el balance entre
el deseo de vivir y el ansia de morir propia, según Freud, de todo ser vivo? Su
saber ¿acaso reconoce este hecho como constituyente, digamos, de su psiquismo?
En tal sentido, el que la fiesta sea aplazada o no, dependerá no de la
aceptación que se haga del saber del médico sino de que la elección estará
sujeta a ese no saber compartido por médico y por legos. Será pues el azar, lo que decida esta vez,
qué representará la mancha dejada por el chocolate en el fondo de la taza. Lo cierto es que la forma específica que
asuma, esto es, las consecuencias derivadas de continuar con la fiesta en el
tiempo establecido no serán fruto de la desobediencia de los legos con el saber
del médico. Pero nada podrá hacer el
médico, salvo constituirse en imagen engorrosa en los deudos durante el
velorio, cosa que no depende de su voluntad.
Muy seguramente su presencia será perturbadora. Y si la chica no muere, la imagen del médico
será objeto de burla.
Unos y otros, legos y médico, sujetos al no saber, seguramente hablarán de
modo exaltado al momento de tomar decisiones definitivas.
Preservar la economía, vital para la vida, y preservar la vida, vital para
la economía que es vital para la vida, no parece ser tema de los animales ni de
las plantas, esos otros seres vivos.
Menos del coronavirus, que no es un ser vivo.
En medio de la reacción caótica que ha generado el ataque del virus, sin
tener en cuenta cómo se articula con los planes de expansión procedentes de los
sueños de grandes potencias, sabernos convocados a un acto que también es de
guerra, de una guerra en los términos actuales, de una batalla apenas… nos
fuerza a establecer de qué lado poner dicha convocatoria: el comportamiento de
la juventud americana contra la guerra imperialista de los EU en Vietnam sumado
al énfasis que muchas protestas sociales colocan del lado de preservar la paz,
la vida y el medio ambiente, creo que es la única manera de reconciliarnos con
nuestra pertenencia inevitable e ineludible a la naturaleza. El acto entonces tomará la forma de ingreso
en las consecuencias propias de una elección.
No habrá garantía de que accedamos a un mundo mejor, ciertamente, pero
proteger hoy la vida es convertirnos en militantes de ella, con las acciones
que debamos llevar a cabo en dicha dirección, no obstante que el ansia de
muerte también nos lleve a digresiones de diverso tipo.