lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 9 DE MAYO DEL AMOR Y DE LA MUERTE

eDUARDO bOTERO tORO

“La muerte es la compañera del amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro Más allá del principio del placer, en el comienzo del psicoanálisis se suponía que el amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la muerte es igualmente relevante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, cesar con la «fiebre llamada vida». El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.”
Freud, en entrevista con el escritor G. S. Viereck en 1936

Pregunta: ¿Biológicamente, todo ser vivo, ansía el Nirvana?
Resalto para afirmar que Freud no afirma que tal deseo, el del Nirvana, sea exclusivo de la especie humana.  Pero cuando afirma que ese deseo puede encubrirse con digresiones, es decir, con rupturas del hilo reemplazadas por pensamientos vagos aunque relacionados con el contenido, entonces ya no estamos solo ante el deseo, sino también frente al pensamiento y al lenguaje.  No en vano la declaración de Freud al escritor germano estadounidense comienza por una metáfora acerca de la muerte y del amor, a quienes declara compañeros.

Un Más allá del principio del placer coloca a la muerte como destino deseado.  Y todo ser vivo anhela morir.  En lugar de enamorodiamiento lo que habría sería tanatoenamoramiento. Y accedemos así a la condición ameboidea del amor. Tentáculo con la muerte, tentáculo con el odio, tentáculos con el asesinato de sí mismo, con la prohibición, con la extensión proyectiva a diversas causas (la política, la ciencia, el arte, la escritura…)

Yo me encuentro aquí con la idea franciscana de que todo lo creado lo fue como acto de amor: Hermano sol, Hermana Luna, Hermano Lobo, Hermano Coronavirus… (Bueno, aún no se había inventado el microscopio electrónico)
Un fantasma recorre, hoy, al mundo: el fantasma de la muerte total.  Es la amenaza de que todo puede acabar, incluso hay quienes ya se preguntan cuál de las especies sustituirá la del hombre cuando hayamos desaparecido. 
Como si la muerte fuese menos difícil de aceptar cuando es a todos que nos amenaza al mismo tiempo.  Porque todos hemos de morir, inclusive quienes se aplican Botox y quienes van al gimnasio y quienes dejan de probar ciertos vicios bajo la peregrina idea de conservar como eterna la juventud.

“La Muerte viene, todo será polvo/ bajo su imperio: ¡polvo de Pericles/ polvo de Codro, polvo de Cimón!” Anuncia el poeta el imperio ineludible de todo destino, es decir, de todo ser vivo.  Y, al final de su BALADA DE LA LOCA ALEGRÍA, Porfirio Barba Jacob concluye con este envío:

“A ti que me reprochas el arcano/ sentido del amor que va en mi verso/ fúlgido y hondo, lúgubre y arcano,/ te hablo en la triste vanidad del verso:/tú en la muerte rendido, yo en la muerte,/ ni un grito apenas del afán del mundo/ podrá hallar eco en la oquedad vacía./ El polvo reina —EL POLVO, EL IRACUNDO!—/ ¡Alegría! ¡Alegría! ¡Alegría!”

¿Será menos difícil aceptar la muerte porque esta amenaza con ocurrir, simultáneamente, a todos?

Y aquí el pernepsi (Perversión, Neurosis y Psicosis) revelará su gloria: quienes niegan deliberadamente los alcances de la amenaza, aferrándose a sus tesoros como si en el futuro fuera posible usarlos con beneficios; quienes interpretan, apresuradamente, un estornudo como prueba de haber enfermado; y quienes siguen convencidos de que el dinosaurio, por la mañana, seguía ahí sentado. 
Existen coyunturas en las cuales la sensatez y el principio de realidad corren por cuenta de neuróticos y psicóticos.  Los perversos suponen, con su omnipotencia y su narcisismo, que su final no está cerca.  Se les olvida que una de las monarquías más poderosas en la historia de la humanidad, solo supo contar hasta XVI. Y que hasta Esparta sucumbió…

El murciélago (cierta variedad) y un omnívoro desconocido, parecen ser los únicos animales hasta la fecha portadores de un virus que exclusivamente ataca a la especie humana.  El hermano Coronavirus parece hacernos recordar porqué el hermano lobo volvió a ser tal cual era después de haber sido por Francisco. Y natura, o el Deux spinoziano, se encarga de recordarnos hoy, que estamos conminados a elegir que nuestro deseo se alíe con la voluntad de vivir o con la muerte.

Podemos estar encubriendo el ansia de vivir con digresiones, entiendo por estas la parcialización en el análisis de la situación, tomando uno solo de tantos abordajes posibles y necesarios, haciendo caso omiso de que es el balance de todas ellas, resultado de tomarlas con profundidad en aquello en que se intersectan así como en aquello que se contraponen.  La bolsa o la vida… ¿pero qué vida es la que conseguimos si elegimos perder la bolsa? Y si elegimos la vida, ¿qué clase de vida es una vida sin bolsa? 

La familia de la quinceañera, ocho días antes de la fiesta, llama de urgencia al médico para que la auxilie con un cólico que la atormenta.  El médico llega, examina a la chica y concluye que el cólico proviene probablemente de una torsión de ovario.  Debe ser entonces, y cuanto antes, llevada al quirófano, practicarle una cirugía y guardar el consabido reposo que deberá ir más allá de una semana.  La fiesta, pues, debe ser cancelada.  De repente, toda la conmoción por la enfermedad de la chica se desplaza progresivamente a la decepción por la prescripción complementaria (la primera prescripción es la cirugía), la de cancelar la fiesta. Al principio nadie (o casi nadie: en toda familia hay un impertinente, un loco, un niño, un borracho que no necesita de fiestas para embriagarse) da testimonio abierto de ese desplazamiento.  Quizás muchos lo piensen, pero, cortesía es valor, callan. La urgencia reclama acciones inmediatas como las de salir inmediatamente con la enferma hacia la sala quirúrgica, la del médico llamar para que se tenga preparado el quirófano, y la de dejar al tío borracho farfullando su enojo.

Si el aplazamiento de la fiesta llega a constituirse en el acontecimiento principal, y a eso contribuirá la mejoría de la paciente (pues, si muere, no habrá aplazamiento sino trasposición de la fiesta en velorio), entonces la prescripción total del médico (cirugía inmediata y reposo más allá de una semana, medicamentos, cuidados…) será inevitablemente revisada, puesta en cuestión y ocasión favorable para que emerja toda clase de prejuicios ofrecidos como justificación de la no necesidad de aplazar la fiesta… Al fin y al cabo el vals no es un baile que plantee las exigencias de un baile de salsa champeta… los médicos suelen ser demasiado alarmistas… una prima mía que tuvo lo mismo hace dos años, al tercer día estaba bailando metal…  El médico dice eso para aumentar sus honorarios… la multa que debe pagarse al organizador de la fiesta equivale a tres cirugías…

Y será probable que advenga una versión propia a manera de nueva balada de la loca alegría, y será probable que un trombo emerja del bajo vientre de la chica y se vaya a los pulmones y entonces “todo será polvo”.  Será probable que no, pero aquí se trata de hacer un balance entre las dos probabilidades.  El saber y la experiencia del médico en favor de las primeras probabilidades, el apego irrestricto a un festejo, basado en suposiciones muchas dispuestas al azar, en favor de las segundas probabilidades. 

En el trasfondo de todo esto: que para el médico y para los familiares y amigos de la paciente, y para la paciente misma, hay algo que no puede ser asumido por ninguna intuición, por ningún saber, porque nadie logra estar al tanto y con exactitud de cómo es la constitución fisiológica de la paciente.  El saber del médico, mediante los exámenes practicados a la paciente, puede aproximarlo a conclusiones cercanas a la evidencia.  Su experiencia con otros casos, conocidos directamente por él o no, le abroga la autoridad para sus conclusiones y advertencias.  Pero, ¿sabe algo acerca de qué modo se ha establecido el balance entre el deseo de vivir y el ansia de morir propia, según Freud, de todo ser vivo? Su saber ¿acaso reconoce este hecho como constituyente, digamos, de su psiquismo?

En tal sentido, el que la fiesta sea aplazada o no, dependerá no de la aceptación que se haga del saber del médico sino de que la elección estará sujeta a ese no saber compartido por médico y por legos.  Será pues el azar, lo que decida esta vez, qué representará la mancha dejada por el chocolate en el fondo de la taza.  Lo cierto es que la forma específica que asuma, esto es, las consecuencias derivadas de continuar con la fiesta en el tiempo establecido no serán fruto de la desobediencia de los legos con el saber del médico.  Pero nada podrá hacer el médico, salvo constituirse en imagen engorrosa en los deudos durante el velorio, cosa que no depende de su voluntad.  Muy seguramente su presencia será perturbadora.  Y si la chica no muere, la imagen del médico será objeto de burla.

Unos y otros, legos y médico, sujetos al no saber, seguramente hablarán de modo exaltado al momento de tomar decisiones definitivas.
 
Preservar la economía, vital para la vida, y preservar la vida, vital para la economía que es vital para la vida, no parece ser tema de los animales ni de las plantas, esos otros seres vivos.  Menos del coronavirus, que no es un ser vivo.
En medio de la reacción caótica que ha generado el ataque del virus, sin tener en cuenta cómo se articula con los planes de expansión procedentes de los sueños de grandes potencias, sabernos convocados a un acto que también es de guerra, de una guerra en los términos actuales, de una batalla apenas… nos fuerza a establecer de qué lado poner dicha convocatoria: el comportamiento de la juventud americana contra la guerra imperialista de los EU en Vietnam sumado al énfasis que muchas protestas sociales colocan del lado de preservar la paz, la vida y el medio ambiente, creo que es la única manera de reconciliarnos con nuestra pertenencia inevitable e ineludible a la naturaleza.  El acto entonces tomará la forma de ingreso en las consecuencias propias de una elección.  No habrá garantía de que accedamos a un mundo mejor, ciertamente, pero proteger hoy la vida es convertirnos en militantes de ella, con las acciones que debamos llevar a cabo en dicha dirección, no obstante que el ansia de muerte también nos lleve a digresiones de diverso tipo.








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