lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 21 DE MAYO  AUSENCIAS

eDUARDO bOTERO tORO

Voy apenas sueño
Lugar y olvido
Intención y freno

Sin llegar apenas siendo: un propósito cualquiera, puede ser, sentarme a fumar y contemplar el humo, jugar con su exhalación y su transitoria geometría pulsátil, temblor de corazón y de quimera.

Viene Piazzola con la Ausencia que hoy divulgó David Morales.  Viene y me toma, me penetra, me invade.  No hay regocijo, no hay festejo, no hay júbilo pero a veces es tan grata la pasión por la nostalgia, bandoneón me la cuenta hoy como siguiendo su respuesta antigua.

Voces, rostros, juegos, reuniones, conspiraciones frustradas, paseos a orillas de ríos hoy inmundos, risotadas que tramitan puerilidades convertidas en summas theologales, hambruna y desconcierto grato con una percepción de colores y de sonidos, la música a todo fuego, a toda marcha, a todo vals, a todo jazz… a todo bolero, ah! No el de Ravel sino el que canta Ibrahim Ferrer y que lo entenderá la madrecita del autor porque en plena capada de clase uno se entusiasma oyéndolo y sin embargo, diga usted, al lado del río y se le atraviesa a uno la clase de geometría y de la línea recta y la de español y la conjugación del vergo converger… Pero era tan grato repetirlo en voz alta así duplicáramos el gemido del violín.

Mares tibios, playas silentes de bullicio, noches de chispas en la hoguera, guitarras al viento, cantos de gusto ecléctico y de coros sin armonía, peores en los unísonos que muchos creen que son más fáciles que va…

Sueños con país distinto con gente buena gobernando a otros no esta cosa que parece una cárcel en la que los caciques mandan y los guardianes son sus estafetas mientras conservan pulcros sus uniformes de mando.

En fin, ausencias bandoneón, hasta de la misma esquina que Borges me enseñó a nombrar como esa esquina por la que no me atrevo a pasar.

Crédulo –y como todo creyente: imbécil- de las voces que incitaban revoluciones jubilosas para ver que hoy usan la misma entonación para escupir sobre sus pasados, los mismos gestos, el mismo acento que ponían para defender la tres varitas mágicas con las que un líder asiático encabezó una revolución, ahora puestos al servicio de la justificación del uso de las motosierras y las masacres.
Ausencias que celebro, ausencias que no duelen sino fuera porque dejaron tareas imposibles para la tan necesaria desmemoria.
 
No es la libertad del viento la que se resiente con las monumentales edificaciones: es su velocidad lo que se ausenta.  Y como el viento urbano la nostalgia, telebolita chocando contra las fachadas muertas con las que se está vistiendo hoy la gente.



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