eDUARDO bOTERO tORO
Voy apenas sueño
Lugar y olvido
Intención y freno
Sin llegar apenas siendo: un propósito cualquiera, puede ser,
sentarme a fumar y contemplar el humo, jugar con su exhalación y su transitoria
geometría pulsátil, temblor de corazón y de quimera.
Viene Piazzola con la Ausencia que hoy divulgó David
Morales. Viene y me toma, me penetra, me
invade. No hay regocijo, no hay festejo,
no hay júbilo pero a veces es tan grata la pasión por la nostalgia, bandoneón
me la cuenta hoy como siguiendo su respuesta antigua.
Voces, rostros, juegos, reuniones, conspiraciones frustradas,
paseos a orillas de ríos hoy inmundos, risotadas que tramitan puerilidades
convertidas en summas theologales, hambruna y desconcierto grato con una
percepción de colores y de sonidos, la música a todo fuego, a toda marcha, a
todo vals, a todo jazz… a todo bolero, ah! No el de Ravel sino el que canta
Ibrahim Ferrer y que lo entenderá la madrecita del autor porque en plena capada
de clase uno se entusiasma oyéndolo y sin embargo, diga usted, al lado del río
y se le atraviesa a uno la clase de geometría y de la línea recta y la de
español y la conjugación del vergo converger… Pero era tan grato repetirlo en
voz alta así duplicáramos el gemido del violín.
Mares tibios, playas silentes de bullicio, noches de chispas
en la hoguera, guitarras al viento, cantos de gusto ecléctico y de coros sin
armonía, peores en los unísonos que muchos creen que son más fáciles que va…
Sueños con país distinto con gente buena gobernando a otros
no esta cosa que parece una cárcel en la que los caciques mandan y los
guardianes son sus estafetas mientras conservan pulcros sus uniformes de mando.
En fin, ausencias bandoneón, hasta de la misma esquina que
Borges me enseñó a nombrar como esa esquina por la que no me atrevo a pasar.
Crédulo –y como todo creyente: imbécil- de las voces que
incitaban revoluciones jubilosas para ver que hoy usan la misma entonación para
escupir sobre sus pasados, los mismos gestos, el mismo acento que ponían para defender
la tres varitas mágicas con las que un líder asiático encabezó una revolución,
ahora puestos al servicio de la justificación del uso de las motosierras y las
masacres.
Ausencias que celebro, ausencias que no duelen sino fuera
porque dejaron tareas imposibles para la tan necesaria desmemoria.
No es la libertad del viento la que se resiente con las
monumentales edificaciones: es su velocidad lo que se ausenta. Y como el viento urbano la nostalgia,
telebolita chocando contra las fachadas muertas con las que se está vistiendo
hoy la gente.
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