lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 6 DE MAYO EVOCACIONES

eDUARDO bOTERO tORO

SONETO A MAMA
Joan Manuel Serrat

No es que no vuelva porque me he olvidado
De tu olor a tomillo y a cocina,
De lejos, dicen que se ve más claro,
Que no es igual quien anda y quien camina.
Y supe que el amor tiene ojos verdes,
Que cuatro palos tiene la baraja,

Que nunca vuelve aquello que se pierde
Y la marea sube y luego baja.
Supe que lo sencillo no es lo necio,
Que no hay que confundir valor y precio
Y un manjar puede ser cualquier bocado.
Si el horizonte es luz y el rumbo un beso,
No es que no vuelva porque te he olvidado,
Es que perdí el camino de regreso, mama…

Vieja: Cuando tomé los aviones que me llevarían primero a Bogotá y después a Cali, ciudad de la que nunca he querido irme, ignoraba que se vendrían 43 años de imposible olvido y de trasegar en busca de hacer camino andando.  Imposible olvido de tu imagen tejiendo mientras cantabas esos boleros que yo sigo cantando y mis hijas toman para ellas.   Trasegar montado al mismo tiempo en el hacer nuevo de un permanente presente y la celebración de atreverme a ser en la distancia.

El amor (“verdes mares de cristal”), el juego, el psicoanálisis, el tiempo como eterno retorno, como ese péndulo que entonces estaba del lado de la lucha por transformar el mundo, ahora del otro lado: el de evitar ser devorado por este.
Pasajero de palacios y de tugurios, la medicina me llevó a descifrar pendientes de tu serena manera para mirar las cosas, descubrir lo importante que es una sábana limpia para un enfermo sufriente, la comunión gozosa con el cuidador que se esmera sin estridencia, el aprecio por la forma como Alberto, mi amigo, asume el ser apreciado –y conocido por todo su pueblo, a quien sirve desde casa o a domicilio.

¡Ah! ¡Madre!: el capítulo de El Capital del descocado Marx: una cosa es el valor, otra es el precio.  Y el hambre en ocasiones convirtiendo en apetitosa cena la suma de un aguacate con una arepa.

Horizonte de esta época será también el recordarte.  Entonces sé que habrá luz. Los besos a otra cara, a la de ojos verdes, a otra boca., mi Victoria. Evocarte no me exige regresar, la figura de hijo pródigo me aburre tanto como un discurso politiquero en plaza pública.  Si nunca vuelve aquello que se pierde, no hay camino entonces de regreso.  No tengo por felicidad esperar que mis hijas vuelvan a casa, sino saber que saben estar lejos de ella por ellas mismas.  Es mi pequeño orgullo y mi homenaje a tu forma de amar sin retener, porque sabes que no hay peor muestra de amor que la exigencia de sumisión y dependencia.  Que conservaré por siempre en mi memoria tu discreto amor por las disidencias devocionales basadas en la experiencia en contra de la adhesión a verdades absolutas y amparadas por el peso de la autoridad.

Conservo el sweater con cuello de tortuga que me hiciste para viajar a Bogotá.   Lo usan mis hijas.  Y cada que se los veo puesto, vienen a mi memoria los boleros que cantabas mientras tejías, lejos del olor a tomillo y a cocina. Es, todavía, color vino tinto, y del color paso a evocar tantos encuentros de festejo, de aguardiente y de guitarras, de tener reunidos a todos alrededor de tu sala de costura y de tus libros en el nochero de tu lado y de esa escena inolvidable, cuando jugabas bádminton con mi padre en los inolvidables paseos de domingo.
En el mercado de esclavos, madre, celebro no haber dado nunca contigo.  (Gracias Prèvert).

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