DÍA 13 DE ABRIL -LA DIÁSPORA DE LO INNOMBRABLE
Eduardo bOTERO tORO
Como si
el planeta tierra pudiera compararse con una flor de diente de león es lo que
lleva a comparar cada entidad viral con cada partícula de esa flor, soplada por
lo innombrable, lacanianamente hablando, desde lo Real.
¿Existió
un soplo? ¿Necesitamos recrear al nene que nunca hemos dejado de ser
considerando que alguna divinidad, de las miles que existen, lo produjo? O, de
otra manera, ¿apuramos una teoría que adjudica a una entidad maligna, sea
humana, sea divina, el origen del caótico despliegue de la proteína? Y yendo al
fondo: ¿deseamos que nuestro adversario ideológico sea el responsable de la
conflagración del DNA enloquecido para así sentirnos más cómodos al
representarnos como no responsables? ¿Nos inclinamos por el destino insondable
e incognoscible? ¿La mala suerte? ¿La feroz pasión vengativa de un
laboratorista chino cuya amante terminó en brazos de un laboratorista de
Harvard? ¿La conspiración para quebrar la economía de Occidente e imponer la
hegemonía china en las transacciones del globo? ¿La aventura de un industrial
español con una china asintomática pero portadora?
De lo
real, apenas partículas. Es la diáspora
de las opiniones: las primeras partículas representables son las variadas y
contradictorias teorías acerca de la ocurrencia de la pandemia. La humanidad, y
de ella sobre todo el grupo de vejetes millonarios enriquecidos a costa de la
vida y del trabajo de los jóvenes, tiemblan sorprendidos porque se han revelado
vencibles, frágiles, débiles, como en otro tiempo le sucediera a la cadena de
autoridad feudal (Dios-Papa-Rey-Príncipe-Señor feudal-siervo) una vez el Comité
de Salud Pública francés condenó a la muerte por guillotina al Rey francés, ocupante
de principalísimo lugar en esa cadena.
Todavía
falta que lo Real nos revele desde su innombrabilidad,
si esta repetición será posible. Porque ahora lo Real somos todos inmersos en
este momento, cada quien más o menos cercano a que se cumpla esa ley de la vida
según la cual todos, repito: TODO, nacemos para morir. Pero de lo que nos
espera ahí tenemos otra diáspora que por ahora dejaremos en suspenso.
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