lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 13 DE ABRIL -LA DIÁSPORA DE LO INNOMBRABLE

Eduardo bOTERO tORO








Como si el planeta tierra pudiera compararse con una flor de diente de león es lo que lleva a comparar cada entidad viral con cada partícula de esa flor, soplada por lo innombrable, lacanianamente hablando, desde lo Real.

¿Existió un soplo? ¿Necesitamos recrear al nene que nunca hemos dejado de ser considerando que alguna divinidad, de las miles que existen, lo produjo? O, de otra manera, ¿apuramos una teoría que adjudica a una entidad maligna, sea humana, sea divina, el origen del caótico despliegue de la proteína? Y yendo al fondo: ¿deseamos que nuestro adversario ideológico sea el responsable de la conflagración del DNA enloquecido para así sentirnos más cómodos al representarnos como no responsables? ¿Nos inclinamos por el destino insondable e incognoscible? ¿La mala suerte? ¿La feroz pasión vengativa de un laboratorista chino cuya amante terminó en brazos de un laboratorista de Harvard? ¿La conspiración para quebrar la economía de Occidente e imponer la hegemonía china en las transacciones del globo? ¿La aventura de un industrial español con una china asintomática pero portadora?

De lo real, apenas partículas.  Es la diáspora de las opiniones: las primeras partículas representables son las variadas y contradictorias teorías acerca de la ocurrencia de la pandemia. La humanidad, y de ella sobre todo el grupo de vejetes millonarios enriquecidos a costa de la vida y del trabajo de los jóvenes, tiemblan sorprendidos porque se han revelado vencibles, frágiles, débiles, como en otro tiempo le sucediera a la cadena de autoridad feudal (Dios-Papa-Rey-Príncipe-Señor feudal-siervo) una vez el Comité de Salud Pública francés condenó a la muerte por guillotina al Rey francés, ocupante de principalísimo lugar en esa cadena.

Todavía falta que lo Real nos revele desde su innombrabilidad, si esta repetición será posible. Porque ahora lo Real somos todos inmersos en este momento, cada quien más o menos cercano a que se cumpla esa ley de la vida según la cual todos, repito: TODO, nacemos para morir. Pero de lo que nos espera ahí tenemos otra diáspora que por ahora dejaremos en suspenso.


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