eDUARDO bOTERO tORO
¿Y por qué como a un niño?
Soy vulnerable, sí, como un niño, como un líder
social en Colombia, como una mujer madura embarazada, como un obeso, como un
fumador, como un empresario en tierra de inequidades…
Pero no, eso no
te autoriza a tratarme como a un niño.
No te vengas ahora con cuentos proteccionistas, tú, que aplaudiste la
privatización de la salud y de la educación y de la vivienda y…
Y que me
llamaste idealista en sentido peyorativo, tu tan práctico, tú tan realista, tú
tan… ¡Ay no! El engrupidito cagatintas ahora se muestra sumamente preocupado
por los viejos, y, claro, montado en tu trono de superioridad moral, puesto al
que nunca renunciarás, ahora te vienes con pensamientos elevados, con gestos de
pesar, con palabras de solidaridad que, déjame recordarte, siempre te
parecieron bobadas de idealista, mamertadas, expresiones de dinosaurios, de
perdedores, en una palabra.
Desconoces que
he podido llegar a esta edad en un mundo siempre difícil. Que cuando hacías pataletas a tu papá porque
no te conseguía el último modelo de celular, él y yo nos quebrábamos el lomo en
una oficina de 2 x 3, con un salario que siempre se nos sacaba en cara como
limosna, enriqueciendo a un sinvergüenza que a lo mejor tuvo una infancia
parecida a la tuya. Que por un fin de semana, ¡en diez años! que tu viejo y yo
nos fuimos de pesca, hubo que llevarte al psicólogo pues justificabas tu
vagancia en el colegio asegurando que tu padre se limitaba a ser proveedor…
Y entraste a una universidad que tenía que ser privada
y te graduaste y corriste con la suerte de ser amigo íntimo del hijo de un
matón disfrazado de empresario, y ascendiste velozmente en su empresa y ya no
podíamos tratarte de “Lucho” porque… bueno… ahí ya declarabas tu adhesión a la
libre competencia, a la conversión en negocios de los derechos sociales, al
suntuoso mundo de los magnates…
Vulnerable eres
tú, cagón: “¿Y no vamos a volver al club?” le lloriqueas a tu madre y ella,
como siempre, se vuelve toda de tripas corazón viendo a su nene sufriendo
porque no puede volver al club. En la
calle no hablas así, te refieres de otro modo a tus penas: cayeron las
acciones, el precio del petróleo se vino abajo, la carga prestacional va a
estallar, es preciso salvar a los bancos y a las grandes empresas, si lo
mataron era porque algo debía, todo esto se debe a la pérdida de valores
cristianos y occidentales, hay un complot marxista dirigido por la Reina de
Inglaterra y su marido, los defensores del aborto son criminales, yo soy
provida… y así…
El niño eres tú
y lo que necesitas es volver a criarte, culicagado. Ni el ochenta por ciento
(¡cómo te gustan las cifras!) de las once mil vírgenes te va a auxiliar en esta
pandemia, virus que a todos ataca, sobre todo a los que nunca aprendieron que
rico no es el que tiene más sino el que necesita menos, cagón.
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