DÍA 22 DE ABRIL LA NOTABLE PRESENCIA DE
LAS COSAS INVISIBLES
Eduardo Botero
A un
conocido fundamentalista
Vivo sin vivir en mí / y de tal manera
espero,/ que muero porque no muero.
*San
Juan de la Cruz*
Lo
grande, el mundo, reduciendo a sus habitantes al encierro por culpa de aquello
que, a simple vista, no se ve. Hay quien
lo compara con otras cosas no visibles, pero Dios es un concepto, una creencia
y para muchos, La Verdad. Y es que la
verdad no siempre es visible y como ciertos virus está incrustada no en el
código genético sino en el inconsciente.
Frágil
ante la espuma del jabón y las temperaturas mayores a 56 grados centígrados, el
temor a contraer las consecuencias posibles de su presencia en el cuerpo nos ha
conducido a la cuarentena, al apartamiento, a la declaración del otro como
potencial portador o vehículo.
Tampoco
se ve el átomo y la bomba atómica nos informa de su existencia. Átomo, virus e inconsciente están ahí,
explotando o disfrazándose –el inconsciente en el síntoma. Afectando, miembros
de un *no lugar*, fugaces pero contundentes como el saludo de dos conductores
en una autopista.
Avisan
de su existencia a través de los traspiés o de la alveolitis o de la
coagulación vascular diseminada.
Resultan
intolerables, tanto el virus como el átomo y como el inconsciente, para quienes
declaran que la única verdad posible es aquel que postulan como el Único. Por eso niegan la existencia del átomo, del
virus y del inconsciente. Porque sienten
que el *no lugar* se puebla de la
fuerza determinista de la vida. Y porque sus conjuros y arengas y sanaciones
fracasan estrepitosamente frente a otras verdades tan verdaderas que hacen
notable la presencia de más cosas invisibles, más allá de ser conceptos.
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