lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 22 DE ABRIL LA NOTABLE PRESENCIA DE LAS COSAS INVISIBLES

Eduardo Botero
A un conocido fundamentalista

Vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero,/ que muero porque no muero.

*San Juan de la Cruz*

Lo grande, el mundo, reduciendo a sus habitantes al encierro por culpa de aquello que, a simple vista, no se ve.  Hay quien lo compara con otras cosas no visibles, pero Dios es un concepto, una creencia y para muchos, La Verdad.  Y es que la verdad no siempre es visible y como ciertos virus está incrustada no en el código genético sino en el inconsciente.
Frágil ante la espuma del jabón y las temperaturas mayores a 56 grados centígrados, el temor a contraer las consecuencias posibles de su presencia en el cuerpo nos ha conducido a la cuarentena, al apartamiento, a la declaración del otro como potencial portador o vehículo. 

Tampoco se ve el átomo y la bomba atómica nos informa de su existencia.  Átomo, virus e inconsciente están ahí, explotando o disfrazándose –el inconsciente en el síntoma. Afectando, miembros de un *no lugar*, fugaces pero contundentes como el saludo de dos conductores en una autopista.

Avisan de su existencia a través de los traspiés o de la alveolitis o de la coagulación vascular diseminada.
 
Resultan intolerables, tanto el virus como el átomo y como el inconsciente, para quienes declaran que la única verdad posible es aquel que postulan como el Único.  Por eso niegan la existencia del átomo, del virus y del inconsciente.  Porque sienten que el *no lugar* se puebla de la fuerza determinista de la vida. Y porque sus conjuros y arengas y sanaciones fracasan estrepitosamente frente a otras verdades tan verdaderas que hacen notable la presencia de más cosas invisibles, más allá de ser conceptos.

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