eDUARDO
bOTERO tORO
Ayuno
de calle
Añoro
de ñapas
Nostalgia
de galería
Desamorada
la morcilla
Con
carro sin Carolina
Sin
peto para el respeto
Me
cierro en este encierro
¿Vacía
estará la Alameda?
En
cuánto me deja el tomate
Si
estará tierno el repollo
De
dónde viene este verde
Cómo
siguió su mamá
Deje
tranquilo ahí el carro
Dos de
azúcar y una de sal
Lleve
el paico qués bendito
Las
astromelias y los anturios
La del
Cauca juega hoy
Ayuno
de calle
De
gente de intercambio de trueque de monedas
Añoro
de ñapas de encimas de dos por uno
Ayuno
de chuspas de bolsas de cajas
Ayuno
de sábado en la galería Alameda
De la
morcilla de la Carolina
De la
paella del español
De la
acera quebradiza que exige el cuidado extremo
Del
vigilante de los carros parqueados
Aquí
En este
encierro forzado y a sabiendas
De que
este ayuno no aplanará la curva de mi panza
Ni
rejuvenecerá mi cara poblada de pelos
Ni le
dará lustre a mi escritura
Ni nada
de eso…
Ayuno
de sábado en la galería con desayuno incluido
Con los
piropos de las cocineras invitando a su receta
Con la
visual de colores y de gentes y de sonidos
Con los
magos del rebusque y de la suerte
-
Los recién
salidos de la cárcel
-
Los amanecidos
con los cuellos de sus camisas raídos
-
Las muchachas
pizpiretas que engordan con alegría
-
Las vendedoras
de tamales, de bistec y de sobrebarriga
-
Las vendedoras
de flores que sacan ramilletes de sus gargantas
-
La anciana que
ahora dirige su negocio sentada en su taburete de cuero mientras desgrana
arvejas y grita ¡aquí pidieron chunchulo!
-
La artesana,
el vendedor de música en memorias, el gallo fino que sigue cantando avanzada la
mañana
Vos, yo, treinta años tomados de la mano comenzando los fines de semana con
ese toque de fiesta.
¡Qué ayuno!
Una miniatura con corona, un dios que nace en un pesebre, el aleteo de una
anónima mariposa…
¡No hay enemigo pequeño, Goliat!
¡A qué ayunos nos han llevado! ¡A qué orfandad sin retorno! (¿Sin retorno?)
Se creció el enano y se acabó el circo.
Mi
caletre obtuso invita a las exequias del día sábado sin galería. Se ruega no enviar ramos de flores y si más
bien organizar la creación de la fundación DOLIENTES DEL SÁBADO EN LA GALERÍA,
en homenaje al sábado fallecido. Durante la velación se invita a no contar
chistes a no tomar tinto aguado ni a vestir de manera vulgar guardando hasta
donde sea posible las formas de cortesía con los dolientes del muerto. Se invita a llorar de manera prudente, sin
estridencias ni gritos mucho menos lanzándose atropelladamente sobre el ataúd
porque no habrá ataúd y si lo hay no lo abras que de pronto el muerto no está
tan muerto y lo que estaba era reposando tan profundamente que parecía muerto
pero no el sábado está en franca agonía, pero dura tanto este encierro que me
provoca decir: el sábado en la galería, por el momento, ha fallecido. Sus dolientes invitan a las raras exequias
que ahora se hacen en la red para enredarnos más creyéndonos el cuento de que
aún somos.
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