DÍA 17 DE MAYO DE ORACIONES Y ORACIONES
eDUARDO bOTERO tORO
De
Antonio Caballero aprendí, en un reportaje, lo que su padre le enseñó respecto
del Padre Nuestro: que es una oración gramaticalmente perfecta porque carece de
adjetivos. Y es verdad, carece de
adjetivos, entonces me hizo pensar en el poder de ensalmo que Freud atribuye a
las palabras en su “Tratamiento psíquico (Tratamiento del Alma)” de 1890,
cuando el buen padre del psicoanálisis no se arredraba frente al uso de la
palabra “alma”.
Comparto
la definición de ateísmo de Kuhn: los teólogos son los verdaderos ateos porque
convierten a Dios en objeto de estudio.
Por eso odiaban a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz, ni se diga a Sor
Juana Inés de la Cruz. Repudiaban que
Aurelio Agustín, en sus “Confesiones”, en el mismísimo siglo IV de la era
cristiana, asegurara que Dios estaba dentro de cada uno. Una experiencia así se oponía a la
declaración de Dios como objeto.
Agradezco
días tras día las oraciones que me envían mis amigos, las que reza mi madre y
las que encuentro en el trabajo que hago con Juan Carlos Ballesteros que se
empeña en encontrar preavisos del inconsciente en el proceder de los místicos,
en particular de Teresa de Jesús, en la tesis que prepara para doctorarse en
Ávila. Es también objeto de mi interés intelectual comparar la experiencia
mística de Teresa de Jesús con la experiencia que describe Daniel Paul Schreber
y que justifica como experiencia mística, no patológica en su libro MEMORIAS DE
UN MALESTAR NERVIOSO: ambos terminan en una relación con Dios (que es
matrimonio en Teresa –Séptima Morada- y cópula en Schreber). Se trata de oraciones provenientes de gente
buena, que se parte el lomo día tras día para hacer de su mundo y el de los
cercanos un mejor mundo. Ninguno
comparte conmigo la idea de que la melodía del vallenato es una permanente
repetición de las melodías propias de los cantos a María y creo que por eso
Diomedes Díaz cargaba su imagen a donde iba, así fuera a pecar, pero lo
cargaba, al fin y al cabo, la Virgen es la que intercede ante el Juez Supremo:
por ejemplo, la antigua cárcel de La Catedral ahora es administrada por padres
benedictinos como lugar de peregrinación de creyentes a pedir sus favores a la
Virgen Desata Nudos (desata-nudos, no de-satanudos aunque… podría ser). Pero bueno… moriré convencido de que el
vallenato “pega” porque sus melodías mantienen partes enteras del fraseo
melodioso de los cantos a la Virgen.
Dejo al escéptico la misión de encontrar pruebas para afirmar o
desmentir esto…
La
gente buena es creyente y sus pecados suelen ser veniales pero la carga de
culpa es tan grande que hasta los magnifican quizás con el fin de conseguir
escucha atenta por parte de la divinidad.
Cuando recibo las oraciones que me envían siempre imagino al buen amigo,
al buen hermano y al buen padre y a la buena madre, pensando en mí
favorablemente. Incluso se complacen
cuando les cuento que poseo la fórmula para hacer rezar a ateos radicales. Les digo que les repito, a los ateos, lo que
aprendí del reportaje a Antonio Caballero -de que el Padrenuestro es la oración
más perfecta que existe porque carece de adjetivos, y más me demoro en terminar
mi afirmación que ellos, cada uno y de manera muy seria, repiten mentalmente el
Padrenuestro. Espero que el buen Dios tenga en cuenta esta acrobática acción
misionera cuando, asesorado por la base de datos que han construido los mormones
para ayudarlo en el Juicio Final, dicte sentencia favorable para mí.
Que la
vicepresidenta Martha Lucía Ramírez haya consagrado a Colombia a “Nuestra
Señora de Fátima” para que “nos ayude a frenar el avance de esta pandemia”, a
mí, en tanto que laico, me parece una acción que describe a quien tenemos por
vicepresidenta, la misma persona que llama atenidos a los pobres que reclaman
asistencia del estado pero no a los ricos que ahora también claman, a la manera
mamerta y petrista, para que el estado los asista. La misma que implora la misericordia de la
opinión pública confesando que cuando empezó con su esposo eran tan pobres que
apenas les alcanzaba para una casa de 200 metros cuadrados (los POT de Colombia
consideran que bastan 40 metros cuadrados para hacer digna a una vivienda… de
pobres). Ella, la recién implicada en escandalosos
negocios de su esposo asociado con el lavado de dinero (claro, primero dice: no
sabíamos de ese señor, no tenía ningún llamado a juicio… etc., etc.). La viceministra da cuenta, pues, de una
especial manera ética de ser, la tan socorrida consigna imperativa y, para
muchos, justificatoria según la cual “el que reza y peca, empata”, como si el
Juez Supremo, al igual que sus subordinados, estuviera al servicio de ellos,
quiero decir, de la Vicepresidente o de quienes así lo consideran. “Haga plata mijo honradamente y, si no lo ve
la gente, haga plata mijo.”
Que la
Ministra del Interior, quien se describe a sí misma “líder de la política
religiosa en Colombia”, convoque a todas las iglesias y confesiones religiosas a una “Jornada Nacional de Oración y Reflexión por Colombia” para
que “sirva como ayuda espiritual ante la actual emergencia sanitaria”, me
parece un asunto respetable aunque pediría se me aclarara quién o quiénes la
nombraron “líder de la política religiosa en Colombia”,, puesto que la Constitución
desde 1991 se define como laica y establece la separación de la religión y del
Estado como acto que beneficia a ambos puesto que así el Estado no interviene
las religiones y estas a su vez no someten a su criterio exclusivo al Estado.
Respeto,
pues, lo que ambas funcionarias pagadas por todos nosotros, creyentes y no
creyentes, religiosos y laicos, hagan de su creencia. Me hubiera parecido por lo menos decente que
tal fervor religioso se levantara en beneficio de impedir el incremento de los asesinatos
de líderes sociales o la creciente ola de corrupción que se aprovecha de la
distracción de los colombianos para cometer sus crímenes, verdaderos crímenes
de lesa humanidad. Pero para este
gobierno, como para otros anteriores, la decencia es sinónimo de perdedores y
más fácil hacer parecer decentes aquellos actos que representan verdaderas
acciones que harían vomitar al mismísimo demonio.
Tienen
el poder, están en el poder, ¿qué hacen entonces rezando? Y aquí viene lo mío, mi especulación, mi
hipótesis: cuando el que tiene el poder “se pone a rezar” es porque aquello que
creyó suficiente para hacerlo feliz, se revela insuficiente. Y es por eso que
carecen de liderazgo lo que definitivamente es muy grave cuando son
responsables del manejo de la crisis por la que todos atravesamos. Creen estar llamando a que el pueblo se una
en torno a sus creencias religiosas cuando a lo que llaman es a orar por ellas
mismas, porque saben que son incapaces de sortear la responsabilidad que
eligieron tener sin prever que los acontecimientos iban a tomar el rumbo que
han tomado. Preparadas para administrar
el disfrute codicioso de lo conseguido a fuerza de sangre, de sudor y de
lágrimas por otros muchos, su llamado a la oración no es otra cosa que palabras
musitadas después de exclamar “¡Nos llevó el diablo!”. Educadas en la idea de que pecar no es tan
malo si se sabe hacer bien, la situación actual les impide hacer bien el
pecado, es decir, sin ser descubiertas, y, al no poder lograrlo, invocan a las
potencias divinas en su exclusivo beneficio.
Como
no conozco a ninguna de las dos funcionarias personalmente y, como ciudadano
que se entera de sus acciones en la vida pública (¿recuerdan a la actual
Ministra líder de la política religiosa en Colombia prometiendo que
Colpensiones no iba a ser reformada por la actual administración, afirmación
que juró y re-juró no iba a llevarse a cabo cuando era Ministra del Trabajo
-¡sic!-…?), tengo todo el derecho a preguntarme si el pecado de mentir se puede
equiparar a las invocaciones que ambas funcionarias hacen.
Yo, escéptico,
espero que los rezos de todos los colombianos y colombianas decentes que aún
existen, ayuden a conformar la ligazón solidaria, el re-ligare, que la religión
en sus orígenes anti-imperiales, gestó en su momento. Y que por esa vía, la de su sincera creencia
en la misericordia del buen Dios, contribuyan a reafirmar la validez preventiva
de las medidas que deben tomarse frente a la pandemia. Que las dos funcionarias quieran salvar la
economía (mejor dicho: sus economías) y relativicen la necesidad de mantener la
cuarentena, creyendo que van a lograrlo mediante consagraciones y convocatorias
ecuménicas, me parece que las coloca no del lado de los creyentes sino de los
fanáticos.
Un
rapto nacionalista me invade antes de terminar con estas líneas. ¿Por qué la de Fátima? Teniendo aquí a la tan
efectiva guadalupana de Rodrigo, la no menos eficaz chiquinquireña de Jorge Eduardo,
de Patricia, de Mario, de Humberto y de Alberto, al mismísimo negro milagroso
de Buga de Wilfred (y que le gustaba visitar al Dr. Bilardo antes de arreglar
sus partidos como él sabía), inclusive la Virgen Desata Nudos de los
sobrevivientes de las filas del Cartel de Medellín, coro (sin contar la Desata
Nudos) que tantos beneficios reportaron a mi hermanita a favor de que su esposo
saliera del trance a que lo llevó el coronavirus, por qué la vicepresidenta se
va hasta Portugal, a Fátima, a Cova de Iría, para consagrar a Colombia. Ah… recuerdo ya: para ella Avianca es una
empresa nacional aunque pague impuestos en Panamá y extraiga plusvalía en
Colombia. Capitalistas de todos los
países: ¡Uníos!
Recordaré,
finalmente, los versos del que Facundo Cabral llamaba “el gran Tata de todos
nosotros”, don Atahualpa Yupanqui:
Si hay
una cosa en la tierra
Más
importante que Dios
Es que
nadie escupa sangre
Pa´que
otro viva mejor…
Los
poetas usan metáforas, aquí una de corte teológico: Dios puesto como objeto de
importancia con respecto de otro objeto. Pero, confieso que nunca había leído
una estrofa más religiosa pues, si el buen Hijo derramó su sangre por todos
nosotros hace ya más de veintiún siglos, no está bien que alguien siga
escupiendo sangre para que otros pocos vivan mejor.
¿O sí?
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