lunes, 25 de mayo de 2020


DÍA 17 DE MAYO DE ORACIONES Y ORACIONES

eDUARDO bOTERO tORO

De Antonio Caballero aprendí, en un reportaje, lo que su padre le enseñó respecto del Padre Nuestro: que es una oración gramaticalmente perfecta porque carece de adjetivos.  Y es verdad, carece de adjetivos, entonces me hizo pensar en el poder de ensalmo que Freud atribuye a las palabras en su “Tratamiento psíquico (Tratamiento del Alma)” de 1890, cuando el buen padre del psicoanálisis no se arredraba frente al uso de la palabra “alma”.

Comparto la definición de ateísmo de Kuhn: los teólogos son los verdaderos ateos porque convierten a Dios en objeto de estudio.  Por eso odiaban a Teresa de Jesús y a Juan de la Cruz, ni se diga a Sor Juana Inés de la Cruz.  Repudiaban que Aurelio Agustín, en sus “Confesiones”, en el mismísimo siglo IV de la era cristiana, asegurara que Dios estaba dentro de cada uno.  Una experiencia así se oponía a la declaración de Dios como objeto.

Agradezco días tras día las oraciones que me envían mis amigos, las que reza mi madre y las que encuentro en el trabajo que hago con Juan Carlos Ballesteros que se empeña en encontrar preavisos del inconsciente en el proceder de los místicos, en particular de Teresa de Jesús, en la tesis que prepara para doctorarse en Ávila. Es también objeto de mi interés intelectual comparar la experiencia mística de Teresa de Jesús con la experiencia que describe Daniel Paul Schreber y que justifica como experiencia mística, no patológica en su libro MEMORIAS DE UN MALESTAR NERVIOSO: ambos terminan en una relación con Dios (que es matrimonio en Teresa –Séptima Morada- y cópula en Schreber).  Se trata de oraciones provenientes de gente buena, que se parte el lomo día tras día para hacer de su mundo y el de los cercanos un mejor mundo.  Ninguno comparte conmigo la idea de que la melodía del vallenato es una permanente repetición de las melodías propias de los cantos a María y creo que por eso Diomedes Díaz cargaba su imagen a donde iba, así fuera a pecar, pero lo cargaba, al fin y al cabo, la Virgen es la que intercede ante el Juez Supremo: por ejemplo, la antigua cárcel de La Catedral ahora es administrada por padres benedictinos como lugar de peregrinación de creyentes a pedir sus favores a la Virgen Desata Nudos (desata-nudos, no de-satanudos aunque… podría ser).  Pero bueno… moriré convencido de que el vallenato “pega” porque sus melodías mantienen partes enteras del fraseo melodioso de los cantos a la Virgen.  Dejo al escéptico la misión de encontrar pruebas para afirmar o desmentir esto…

La gente buena es creyente y sus pecados suelen ser veniales pero la carga de culpa es tan grande que hasta los magnifican quizás con el fin de conseguir escucha atenta por parte de la divinidad.  Cuando recibo las oraciones que me envían siempre imagino al buen amigo, al buen hermano y al buen padre y a la buena madre, pensando en mí favorablemente.  Incluso se complacen cuando les cuento que poseo la fórmula para hacer rezar a ateos radicales.  Les digo que les repito, a los ateos, lo que aprendí del reportaje a Antonio Caballero -de que el Padrenuestro es la oración más perfecta que existe porque carece de adjetivos, y más me demoro en terminar mi afirmación que ellos, cada uno y de manera muy seria, repiten mentalmente el Padrenuestro. Espero que el buen Dios tenga en cuenta esta acrobática acción misionera cuando, asesorado por la base de datos que han construido los mormones para ayudarlo en el Juicio Final, dicte sentencia favorable para mí. 

Que la vicepresidenta Martha Lucía Ramírez haya consagrado a Colombia a “Nuestra Señora de Fátima” para que “nos ayude a frenar el avance de esta pandemia”, a mí, en tanto que laico, me parece una acción que describe a quien tenemos por vicepresidenta, la misma persona que llama atenidos a los pobres que reclaman asistencia del estado pero no a los ricos que ahora también claman, a la manera mamerta y petrista, para que el estado los asista.  La misma que implora la misericordia de la opinión pública confesando que cuando empezó con su esposo eran tan pobres que apenas les alcanzaba para una casa de 200 metros cuadrados (los POT de Colombia consideran que bastan 40 metros cuadrados para hacer digna a una vivienda… de pobres).  Ella, la recién implicada en escandalosos negocios de su esposo asociado con el lavado de dinero (claro, primero dice: no sabíamos de ese señor, no tenía ningún llamado a juicio… etc., etc.).  La viceministra da cuenta, pues, de una especial manera ética de ser, la tan socorrida consigna imperativa y, para muchos, justificatoria según la cual “el que reza y peca, empata”, como si el Juez Supremo, al igual que sus subordinados, estuviera al servicio de ellos, quiero decir, de la Vicepresidente o de quienes así lo consideran.  “Haga plata mijo honradamente y, si no lo ve la gente, haga plata mijo.”

Que la Ministra del Interior, quien se describe a sí misma “líder de la política religiosa en Colombia”, convoque a todas las iglesias y confesiones religiosas a una “Jornada Nacional de Oración y Reflexión por Colombia” para que “sirva como ayuda espiritual ante la actual emergencia sanitaria”, me parece un asunto respetable aunque pediría se me aclarara quién o quiénes la nombraron “líder de la política religiosa en Colombia”,, puesto que la Constitución desde 1991 se define como laica y establece la separación de la religión y del Estado como acto que beneficia a ambos puesto que así el Estado no interviene las religiones y estas a su vez no someten a su criterio exclusivo al Estado. 

Respeto, pues, lo que ambas funcionarias pagadas por todos nosotros, creyentes y no creyentes, religiosos y laicos, hagan de su creencia.  Me hubiera parecido por lo menos decente que tal fervor religioso se levantara en beneficio de impedir el incremento de los asesinatos de líderes sociales o la creciente ola de corrupción que se aprovecha de la distracción de los colombianos para cometer sus crímenes, verdaderos crímenes de lesa humanidad.  Pero para este gobierno, como para otros anteriores, la decencia es sinónimo de perdedores y más fácil hacer parecer decentes aquellos actos que representan verdaderas acciones que harían vomitar al mismísimo demonio.

Tienen el poder, están en el poder, ¿qué hacen entonces rezando?  Y aquí viene lo mío, mi especulación, mi hipótesis: cuando el que tiene el poder “se pone a rezar” es porque aquello que creyó suficiente para hacerlo feliz, se revela insuficiente. Y es por eso que carecen de liderazgo lo que definitivamente es muy grave cuando son responsables del manejo de la crisis por la que todos atravesamos.  Creen estar llamando a que el pueblo se una en torno a sus creencias religiosas cuando a lo que llaman es a orar por ellas mismas, porque saben que son incapaces de sortear la responsabilidad que eligieron tener sin prever que los acontecimientos iban a tomar el rumbo que han tomado.  Preparadas para administrar el disfrute codicioso de lo conseguido a fuerza de sangre, de sudor y de lágrimas por otros muchos, su llamado a la oración no es otra cosa que palabras musitadas después de exclamar “¡Nos llevó el diablo!”.  Educadas en la idea de que pecar no es tan malo si se sabe hacer bien, la situación actual les impide hacer bien el pecado, es decir, sin ser descubiertas, y, al no poder lograrlo, invocan a las potencias divinas en su exclusivo beneficio. 

Como no conozco a ninguna de las dos funcionarias personalmente y, como ciudadano que se entera de sus acciones en la vida pública (¿recuerdan a la actual Ministra líder de la política religiosa en Colombia prometiendo que Colpensiones no iba a ser reformada por la actual administración, afirmación que juró y re-juró no iba a llevarse a cabo cuando era Ministra del Trabajo -¡sic!-…?), tengo todo el derecho a preguntarme si el pecado de mentir se puede equiparar a las invocaciones que ambas funcionarias hacen. 

Yo, escéptico, espero que los rezos de todos los colombianos y colombianas decentes que aún existen, ayuden a conformar la ligazón solidaria, el re-ligare, que la religión en sus orígenes anti-imperiales, gestó en su momento.  Y que por esa vía, la de su sincera creencia en la misericordia del buen Dios, contribuyan a reafirmar la validez preventiva de las medidas que deben tomarse frente a la pandemia.  Que las dos funcionarias quieran salvar la economía (mejor dicho: sus economías) y relativicen la necesidad de mantener la cuarentena, creyendo que van a lograrlo mediante consagraciones y convocatorias ecuménicas, me parece que las coloca no del lado de los creyentes sino de los fanáticos.
Un rapto nacionalista me invade antes de terminar con estas líneas.  ¿Por qué la de Fátima? Teniendo aquí a la tan efectiva guadalupana de Rodrigo, la no menos eficaz chiquinquireña de Jorge Eduardo, de Patricia, de Mario, de Humberto y de Alberto, al mismísimo negro milagroso de Buga de Wilfred (y que le gustaba visitar al Dr. Bilardo antes de arreglar sus partidos como él sabía), inclusive la Virgen Desata Nudos de los sobrevivientes de las filas del Cartel de Medellín, coro (sin contar la Desata Nudos) que tantos beneficios reportaron a mi hermanita a favor de que su esposo saliera del trance a que lo llevó el coronavirus, por qué la vicepresidenta se va hasta Portugal, a Fátima, a Cova de Iría, para consagrar a Colombia.  Ah… recuerdo ya: para ella Avianca es una empresa nacional aunque pague impuestos en Panamá y extraiga plusvalía en Colombia.  Capitalistas de todos los países: ¡Uníos!

Recordaré, finalmente, los versos del que Facundo Cabral llamaba “el gran Tata de todos nosotros”, don Atahualpa Yupanqui:

Si hay una cosa en la tierra
Más importante que Dios
Es que nadie escupa sangre
Pa´que otro viva mejor…

Los poetas usan metáforas, aquí una de corte teológico: Dios puesto como objeto de importancia con respecto de otro objeto. Pero, confieso que nunca había leído una estrofa más religiosa pues, si el buen Hijo derramó su sangre por todos nosotros hace ya más de veintiún siglos, no está bien que alguien siga escupiendo sangre para que otros pocos vivan mejor. 

¿O sí?



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