DÍA 25 DE ABRIL: LA
NECEDAD
eDUARDO bOTERO tORO
Escribo esto después de haber suscrito mi apoyo participante de los
chistes que se están haciendo sobre las declaraciones de Trump (uso intravenoso
del Cloro) y de María Fernanda Cabal (el vampiro como origen del
coronavirus). Una cierta insatisfacción
posterior a mi acto, me ha llevado a la siguiente reflexión.
Cuando escuchamos una declaración
que todos consideramos señal de lo estúpida que es la persona que la hace
(aplicar cloro intravenoso, asegurar que el virus proviene de los vampiros,
suponer que se trata de un castigo de Dios, etc.), tendemos a interpretarla como
un chiste. Y aparecen caricaturas que
dan a entender, que nuestra risa debemos considerarla psicoanalíticamente
hablando, respuesta en acto, obligatoriamente debemos concluir que alguna
inhibición ha sido tocada en nosotros.
Como si nos desentendiéramos de la gravedad de la situación
aprovechándola para ratificar nuestros conceptos acerca de personajes como
Trump, María Fernanda Cabal o Bolsonaro para mencionar a algunos.
Particularmente creo que el punto
de inhibición que tocan en mi es el de mi relación afectiva con la guerra. El hecho de que la primera autoridad de una
nación, dirigentes políticos cercanos al gobierno de este país y muchos de sus
seguidores, digan cosas que tomamos automáticamente como probatorias de su
estupidez, creo que debería hacernos pensar en que ellos se están dando el lujo
de hablar así, no digamos que en todos los casos a la ligera, porque conciben a
esta pandemia como acto de guerra y de oportunidad, y de tal modo responden.
La banalización del número de
muertos que producirá la interrupción de la cuarentena no es otra cosa que la
forma en la que muchos civiles traducen el cálculo obligatorio que hace todo
General antes de cualquier operación propia de su oficio. El General sabe que
se corre un riesgo y existe la mente especializada en calcularlo. Sabe, además, que no se gana ninguna batalla
si no se plantea de antemano de tal modo que la conclusión sea la seguridad de
que se va a vencer. En la guerra, saber
huir es triunfar, recordemos cómo la fuga de Mao desde el norte hasta el sur
fue llamada, por el maoísmo, no la gran huida de Mao, sino la Gran Marcha del
Pueblo Chino. Pero esto hace parte de la propaganda.
Pero en materia de guerra los
civiles, poco enterados de lo que significa el ejercicio militar, suelen ser
los más entusiastas azuzadores. Y en el
caso que consideramos, Trump, Bolsonaro y otros dejan entrever que la pasión ha
desatado toda la fuerza de su narcisismo, un narcicismo maligno que parece
disfrazado de idiotez. La malvada reina bruja vuelve a disfrazarse de pobre
mendiga para engañar a Blancanieves… Los seguidores y nuestra tendencia a
convertir en chistosas esas declaraciones, entramos en el sopor de esa
sugestión que, desde el principio de los tiempos tiende a convencernos de las
bondades de quien la practica: la pobreza…
Al considerar a Trump, a
Bolsonaro y a otros como alguien muy parecido a lo estúpidos que somos todos
cuando estamos embelesados a favor o en contra de una imagen determinada (la
mendiga, el pesebre o la pobreza miserable de algún famoso empresario…),
estamos concediendo aplauso y risa a sus estupideces, es decir, simpatía. Nuestro
punto de inhibición es esa identificación con la creencia ciega en el disfraz
de los perversos. Mea culpa: no es catarsis, es señal de que estamos tomados
prisioneros por la idea de que sí, de que será necesario que muera mucha gente,
no importa cuanta, porque en el fondo de nuestro ser compartimos la idea de que
estamos ante una situación propia de lo sagrado y que ante los ojos de Dios
somos los privilegiados.
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