La casa liberada
eDUARDO bOTERO tORO
Mi amigo, el cardiólogo, me ha recomendado hacer pausas activas debido a este asunto del teletrabajo que, francamente, salvo por los encuentros amistosos y algunos otros, me carcome el espíritu. Entonces hago la pausa activa y me voy al lugar donde amontono papeles de esa escritura que uno guardaba cuando existía la máquina de escribir.
Y me encuentro con relatos de toda clase, cartas,
recordatorios, tarjetas de cumpleaños o del día del padre, dibujos en los que
la infancia de mis hijas daba testimonio de su compromiso artístico con el
mundo, invitaciones a congresos o a lanzamientos de libros o a recitales o a
presentaciones musicales o a reuniones del departamento de psiquiatría…
Papeles, papeles, papeles. Nos hacemos arqueólogos aficionados cuando
queremos recuperar recuerdos a través de determinados hallazgos. A esto lo llamo tomar la casa: hacer de ella
nuevo paisaje, posibilidad de viajar aunque sea en el tiempo, repasar momentos
de nuestra vida…
Inevitablemente el bucle del tiempo hace que
aquello que retorna, mirado con el cristal de nuestro presente, gane en
posibilidades interpretativas y recargue nuestro espíritu para reconocer que
este presente será, en unos años, posibilidad arqueológica para nosotros o para
quien lo encuentre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario